Tobirio Convertido en Escultura de Arena
Roba miradas y suspiros el arte de esculturas con arena.
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JORGE BATIZ
En el Paraíso Mexicano
22 / JULIO / 2017
Cuento Semanal
He Vivido Miles de Historias
Le Pagué por Adelantado
A No Forzar a los Amigos

Indudablemente nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie. Thomas Jefferson
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Decidí abordar el avión que me sacaría de este mundo de mentiras, de envidias y de incomprensión y volé kilómetros, miles, hasta llegar a la dimensión de la ficción, ahí donde cada ser humano escribe su historia, donde yo era el protagonista, el que triunfaba, el que movía los hilos como el gran Dios de los titiriteros.
He vivido a lo largo de miles de historias, volando con las alas de la imaginación, huyendo de una realidad que no nada más no me gusta, si no que me asusta.
Me establecí en otra realidad, en otra en la que cada puedo entrar y salir cuando así lo decida.
Cuando dejé de estar en la escena de la vida, como parte de ese aparato estructural que da forma a la sociedad, esa que corrompe al ser humano como creía Rousseau, descansé.
Dejé de ser el escritor de la vida real, de hurgar en las cloacas políticas, en las alcantarillas sociales para vivir en la capa estratosférica en la que no me alcanzará a golpear mi prójimo con sus envidias, con sus insidias, con sus estupideces.
Sufrí una decepción más, cortesía de la misma familia y corté por lo más sano, la graciosa huida.
Cada día nos ofrece una posibilidad para la decepción, y puntualmente aparece.
Pero, ¿a qué se debe este pesimismo galopante con el que desperté el día de hoy?
Razones para ser pesimistas tenemos a montones, lo difícil es ver con optimismo la vida.
Al llegar al Malecón observé a un escultor que trabajaba con la arena, me quedé mirándolo detenidamente para apropiarme de su arte.
Le pedí que me esculpiera y accedió, sólo me pidió que le invitara la comida.
Le pagué por adelantado, entramos a La Dolce Vita, el restaurante de mi amigo Paolo en donde nos comimos una pizza y una pasta per cápita.
Apenas saciamos el hambre salimos rumbo al taller marino del arte de este escultor quien estaba dispuesto a plasmarme en arena en unas horas.
No me moví de ahí hasta que terminó la gran obra de arte, ahí estaba yo, el escritor que soy y el ser humano de arena y agua en que me convertí.
Me despedí del Miguel Ángel vallartense y me senté en una banca cercana para contemplarme, para descubrirme.
¿No podría el artista poner un alma a mi escultura y darme vida, como lo había hecho Dios con Adán?
Seguramente no, pero lo cierto es que ahí estaba, con una placa también de arena que decía Jorge Bátiz Orozco Escritor 1962--?
Más abajo escribió el título de algunas de mis obras.
La gente que se acercaba en su gran mayoría ignoraba quién era ese escritor, aunque noté que otra sí me conocía aunque fuera de oídas.
Estaba gozando de unos minutos de gloria hasta que fui despertado de mi sueño por un sujeto que se me acercó sigilosamente y se plantó frente a mí.
Se trataba de un hombre cubierto de arena de esos que se colocan como estatuas y rígidamente se petrifican para pedir una propina y ganarse la vida de esta manera tan peculiar.
Yo había sido creado con arena, pero este hombre de carne y hueso se había transformado en arena y tenía vida.
El hombre se colocó a unos centímetros de mi cuerpo, me soltó un susurro con olor marino, --¿cómo le va mi estimado compadre?
Casi caigo de espaldas en la alfombra de cemento del Malecón, mi compadre convertido en una estatua de arena.
--Compadre, ¿qué se supone que está haciendo?, le pregunté sorprendido.
--Como ve, soy una estatua de arena, me he endurecido para ver la vida desde otra perspectiva, sin dejarme llevar por las emociones, una de las características de las efigies es que viven y enfrentan a las adversidades con gran dureza, con fortaleza, protegidos por una férrea coraza, sin apasionamientos, sin que sean las emociones las que decidan o mal decidan ante las disyuntivas de la vida.
En todas las situaciones a las que nos enfrentamos a lo largo de la existencia la razón debe estar por encima de la emoción, de lo contrario elegiremos erróneamente.
Leí entre líneas y supe que alguna decisión importante estaba por tomar mi compadre, pero no quise indagar mucho al respecto.
Una de las cosas que he aprendido en la vida es a no forzar a los amigos a que nos cuenten lo que no están decididos a contarnos, o decididamente prefieren no contarnos.
Tobirio se movía con dificultad por su atavío arenoso, no obstante, caminó hasta donde lo esperaba una especie de pedestal a donde tenía que colocarse para convertirse en una escultura auténtica, lo seguí y me coloqué a un lado dejando que la gente se acercara.
Me di cuenta que en el piso estaba colocada una placa que decía en un recuadro lo siguiente:

El hombre blindado

“Aquí no entran las malas vibras
No caben las injurias
No gobiernan las envidias
Si sus intenciones contienen resquemores
¡Mejor váyase con su rencor a otra parte!

Esbocé lo que se pudo confundir entre una sonrisa o una mueca de extrañeza.
¿Qué quería decir Tobirio con esas frases?, ¿qué le habían hecho para que se acorazara de esta manera?
No tenía como todas las esculturas de arena una caja para que le dieran propinas.
Ahí yacía mi compadre, impertérrito, viendo pasar a la gente a su alrededor, siendo contemplado con extrañeza, así como se suele ver a la gente que no es del común, que ha decidido ser diferente aunque esto implique ser criticado y en muchas ocasiones marginado.
Tobirio se ha destacado por ser un hombre de bien, al que le gusta ayudar a los demás, quien ha empeñado su libertad y en ocasiones ha puesto en riesgo su vida por defender al prójimo.
Permanecí a su lado cerca de tres horas, tiempo durante el cual, Tobirio no pestañeaba siquiera.
Yo intenté imitarlo, aunque en lugar de estar cubierto de arena estuviera cubierto de dudas, y dejé que el tiempo hiciera su parte, que nos condujera hasta que llegara la noche y la noche llegó, y seguimos meditando, hasta que vimos como asomaba la cara el alba, la madrugada apareció como otra estatua más, venía cubierta de sol.
Tobirio me dio un abrazo y al soltarme, me dejó una capa de arena en el cuerpo, ahora estábamos hechos de la misma arcilla con que alguna vez dicen que alguien nos creó.
Escuché de pronto un sonido inefable, mi escultura se había desmoronado, se confundió con los gránulos de arena que le dan forma a la playa.
Mi compadre salió caminando con paso lento, mientras que yo me tendí en el piso y me quedé dormido, soñé que me quitaban una costilla y al despertar, una hermosa mujer yacía a mi lado.
La tomé en mis brazos y me volví a dormir dibujando una gran sonrisa en mi rostro.
Hasta el momento es hora que aún no despierto.



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