Fray Sebastián de Aparicio y la Charrería

*En 1532 empezó la Travesía
*Historias que No Tienen Fin
*Don Delfín Sánchez Juárez
Es Día del Recuerdo, de los suspiros de fin de año y también de dejar en claro que hay dos tipos de charrería, la de antaño y la espectacular ahora, pero justo es regresar la historia y revivir algunos pasajes de su nacimiento y esplendor, mismo que alcanza hasta nuestros días.
Parece un día para suspirar y en el fondo lo es, porque vamos a revivir el florecimiento de lo que hoy conocemos como el Deporte Nacional por Excelencia: la charrería.
La historia ahí está y sigue más vigente que nunca. Por eso y muchas cosas más, honor a quien honor merece.
En la época de don Porfirio Díaz, cuenta las historias que poco a poco se van convirtiendo en leyendas, que sólo un grupo privilegiado montaba a caballo, lo que era prohibitivo para los esclavos.
La historia charra sigue levantando suspiros y parece que no tiene fin. Caen las últimas hojas del calendarios 2019 y aprovechamos para desearles que terminen bien el año y que el 2002 sea mejor en todos los aspectos.
Inevitable. Cuando se habla de los antecedes charros, siempre hay que hablar de los españoles y de entre ellos emerge la figura de Fray Sebastián de Aparicio, quien vio mucho por los esclavos, allá por 1531 que se toma como fecha de las faenas en el campo.
El beato Fray Sebastián de Aparicio nació el 20 de enero de 1502, en Galicia, España, hijo de campesinos y en sus primeras tres décadas de vida, ya había recorrido varios lugares españoles, hasta que le tocó venir a la Nueva España, llegando a Veracruz en 1532.
Como todo aventurero, jamás creyó que su nombre quedaría para la posteridad.
Ruta charra. De tierras jarochas siguió su travesía a Puebla y sus conocimientos los empezó a compartir con los indios, esclavos y campesinos, indujo a algunos a arrear ganados, otros a lazar, doma de caballos, otros jinetes y ahí empezó todo, como en viejos y felices tiempos.
Cuentan que con la rueda empezó a hacer caminos, incluso de Zacatecas a México se empezó a transportar plata y otros minerales, habiendo pasado a mejor vida a los 98 años de edad, dejando un valioso legado y sobre todo los inicios de lo que fue la charrería.
Las historias no tienen fin. Cuentan que allá por 1519, Hernán Cortez trajo 16 caballos y los desembarcó en Tabasco, pero para ese entonces serían los primeros en América, aunque hay antecedentes que siglos antes ya había, y es que la paleontología así lo manifiesta al haber descubierto fósiles de caballos.
Desde entonces han pasado 500 años, cinco Siglos de tan importante acontecimiento y esa historia debe seguir más vigente que nunca. Esto es, que hace muchos años ya había vida caballar en América.
En sus memorias, Bernal Díaz del Castillo el comunicador de aquellos días dejó escrito también ese valioso legado. La historia la escriben los grandes, esa que se forja día con día y en la que la charrería tiene un lugar especial, muy especial, pero que deben conocer las nuevas generaciones.
Se dice que los españoles Pedro Barba y Francisco de Garay, trajeron otros nueve caballos a América.
Hay un pasaje de la Batalla de Zempoala, donde Cortez derrotó a Pánfilo de Narváez y no sólo eso, sino que el Conquistador se quedó con 80 de los 100 caballos de que constaba el botín.
Historias como estas se entretejen bastantes, pero ya habrá tiempo de presentarlas en los Días del Recuerdo, porque además de que lo hacen a uno suspirar, hacen que uno recuerde la historia en los años de secundaria.
Otro grande. Ya para terminar. Ahora terminamos esta entrega con un fragmento de uno de tantos poemas charros del ilustrísimo don Delfín Sánchez Juárez.
El que aprisiona a los toros
Al extremo de su lazo
El que manejó la lanza
Cuando se llamó Chinaco.
El que cargó 30-30
Siendo revolucionario
El que abandonó el terruño
Para volverse soldado
Cada vez que la patria
Volvió a escucharse
el reclamo.
Y como siempre termino a mi manera, recordando que “Aquí tejones, porque no hay liebres”.
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