Historia de Nuestra Independencia

*Los Capítulos Cuatro al Siete

*¡Espero que la disfruten tanto como yo!

*¡Vale mucho la pena leerla!

El periodista don Alfredo Arnold fue contando brevemente la historia de la Independencia en el Mes de septiembre y gustosos la compartimos aquí en: www.wordpress-998390-5250803.cloudwaysapps.com

MINUTOS DE INDEPENDENCIA

Por el Maestro Alfredo Arnold

4.- El “Grito” de Hidalgo

El alma de las Fiestas Patrias es la ceremonia del “Grito”: pirotecnia, luces de colores, música, confeti y serpentinas, la autoridad dando vítores a diestra y siniestra mientras ondea la bandera y repica la campana.

Se le atribuye a Ignacio López Rayón -el hombre que mantuvo viva la lucha después de que Hidalgo, Allende y los otros jefes de la insurgencia fueron fusilados- el haber iniciado en 1812 la tradición del “Grito de Dolores”.

Estamos en 1810: Es la madrugada del domingo 16 de septiembre, despiertan abruptamente al cura Hidalgo porque la conspiración de Querétaro ha sido descubierta.

Dispone de poco tiempo, puede huir, pero decide agarrar el toro por los cuernos.

Llama a misa, abre las puertas de la cárcel, toma como rehenes a “gachupines”, y cuando ya hay bastante gente en el atrio del templo lanza una arenga, tan efectiva que de inmediato convence a decenas de personas a que lo sigan.

¿Qué “gritó” exactamente? Existen distintas versiones, pero todas coinciden en que por lo menos dijo: “¡Viva Fernando VII!”, es decir, ¡Viva el rey legítimo! (recordemos que en ese momento en España mandaba el espurio monarca José Bonaparte). Hidalgo fustigó al “mal gobierno” virreinal, no a la Corona.

Curioso, porque once años después, en 1821, al triunfo de la Independencia, cuando se discutía cómo debería gobernarse la nueva nación, Iturbide propuso ofrecer el mando del Imperio Mexicano a Fernando VII.

5.- LA CAMPAÑA DE HIDALGO

Podemos dividir la breve campaña de Hidalgo en tres momentos: el primero, ocho semanas de guerra desde el “Grito de Dolores” hasta la derrota en Aculco.

El segundo, su estadía de otras ocho semanas en Guadalajara, y el tercero, la debacle definitiva en Puente de Calderón (17 de enero de 1811), su aprehensión, juicio y fusilamiento (30 de julio de 1811). Todo ello transcurrió en sólo diez meses y medio.

Hidalgo, con los primeros 300 hombres que se le unen en Dolores, se traslada a San Miguel el Grande donde Allende reside y tiene soldados a su cargo. Al pasar por el templo de Atotonilco (Guanajuato, no Jalisco) toman como estandarte un lienzo con la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Celaya, Salamanca, Acámbaro, Guanajuato, Valladolid… el ejército insurgente avanzaba arrollador y cada vez con más combatientes.

En Guanajuato ocurrió un terrible baño de sangre que, meses después, el gobierno castigaría ferozmente (las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez colgaron durante diez años en jaulas colocadas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga).

El triunfo en Monte de las Cruces puso la Ciudad de México a los pies de Hidalgo, nadie sabe por qué no la atacó; por el contrario, emprendió el regreso a la zona del Bajío. Fue sorprendido en Aculco, pero finalmente, el 26 de noviembre, hizo su entrada triunfal a la capital de la Nueva Galicia: Guadalajara.

6.- HIDALGO EN GUADALAJARA

Las ocho semanas que Hidalgo estuvo en Guadalajara trascendieron más que las primeras ocho semanas de campaña militar ya que todas las plazas que habían tomado los insurgentes, desde Dolores hasta Monte de las Cruces, fueron recuperadas rápidamente por el gobierno realista.

En cambio, en la capital de la Nueva Galicia, el Padre de la Patria realizó un trabajo político que le dio cierto orden al movimiento: organizó su gabinete, decretó la abolición de la esclavitud, publicó el periódico “El Despertador Americano” y reforzó su ejército con población indígena de Zapopan.

También realizó una cacería de españoles ricos a quienes les confiscaba bienes e incluso ordenaba su ejecución por las noches (muchas víctimas fueron sepultadas en la capilla del Señor de las Aguas, en la Catedral metropolitana).

Hidalgo se estableció en Guadalajara a invitación de José Antonio “el Amo” Torres, un hombre de campo que había abrazado la causa insurgente y que tenía bajo control esta zona después de ganar una crucial batalla en Zacoalco.

Habían transcurrido 50 días desde su llegada cuando Hidalgo abandonó Guadalajara, la noche del 16 de enero de 1811; sentía que ya estaba preparado para tomar la Ciudad de México.

Seguramente no imaginaba que sólo horas después terminaría su aventura: Calleja lo esperaba en Puente de Calderón dispuesto a jugarse el todo por el todo.

7.- EL DÍA “D”

A menos de 45 kilómetros de Guadalajara se encuentra el Parque Bicentenario, en el municipio de Zapotlanejo. En ese lugar tuvo lugar la batalla que puso fin a la primera etapa de la insurgencia.

Para Hidalgo, ganarla significaba avanzar con el camino despejado hasta la ciudad de México, pero la aplastante derrota postergó por diez años más la consumación de la Independencia.

La batalla de Puente de Calderón ocurrió el 17 de enero de 1811. Algunos autores citan que Hidalgo contaba con unos 100,000 hombres mientras que Calleja disponía apenas de 7,000. Pero, por increíble que parezca, después de seis horas de combate, los insurgentes habían sufrido unas 20,000 bajas y los realistas únicamente 120, aunque una de ellas muy sensible, la de Manuel de Flon, Conde de la Cadena.

El resultado de tan desigual contienda se atribuyó al comportamiento profesional, valiente y disciplinado de los soldados realistas, así como a la estrategia desplegada por sus jefes, frente a la improvisación y desconcierto de sus contrarios.

Hidalgo, Allende y los demás jefes insurgentes lograron huir rumbo al norte. De ellos escribió Calleja que, “siendo los autores de tantos males, tuvieron buen cuidado de emprender la fuga anticipadamente sacrificando a los infelices alucinados que les siguen”.

La guerra se reanudaría varios meses después, con otros protagonistas.

CONTINUARÁ…

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